LOS CONSEJOS QUE NADIE ME DIO (VI) Cómo lee un escritor

Ya hemos hablado de lo importante que es leer para quien escribe. Hoy vamos a destacar cómo tiene que leer alguien que desea dedicarse a la escritura.

La lectura principalmente tiene que ser un placer, pero a partir de ahí el aspirante a escritor tiene que abrir los sentidos mientras lee para darse cuenta de cómo consigue el autor los diferentes efectos, las emociones que el lector experimenta: todo lo que hace que uno ame la lectura: cómo ha logrado que sintamos ansiedad, curiosidad, odio, recelo… etc.

Hay que fijarse en cómo está construida la trama, cómo el autor va sembrando aquellos elementos que más adelante “estallarán” produciendo el efecto buscado. A menudo hay que retroceder varias páginas para comprender mejor la estructura.

Yo recomendaría, sobre todo al principio, tomar notas de todo aquello que vamos descubriendo en nuestras lecturas, pues a la larga resulta muy útil tener un material que nos permita “destripar” los secretos constructivos de novelas ya leídas, sin tener que volver a leerlas.

Cuando leo, suelo anotar los giros principales del argumento, pero también otros detalles más o menos sutiles sobre los diferentes artificios empleados para lograr tal o cual efecto que me haya llamado la atención, y también anoto citas textuales y pensamientos que aporta el libro, así como ideas que se me ocurren y comentarios a propósito de lo que acabo de leer.

Otra cosa: hay que mirar en el diccionario todas las palabras que no nos resulten familiares; es la mejor forma de ampliar nuestro vocabulario y de asegurarnos de que utilizamos los términos correctos para cada ocasión.

Por supuesto que no hago esta labor con todos libros que leo: según voy aprendiendo, me doy cuenta de que ya no necesito anotarlo todo, que sólo de vez en cuando cae en mis manos algún libro que merece la pena “destripar”, es decir, leer con papel y bolígrafo a mano.

La mejor escuela del escritor novel está en los libros: en los libros está todo; en ellos no hay truco que valga; al contrario que los relojes, que ocultan su mecanismo tras la esfera, los libros no guardan secretos a quien se toma la molestia de leerlos y analizarlos con atención. La lectura es a la vez fuente de placer y herramienta de aprendizaje… y en ocasiones, fuente de inspiración de buenas ideas que acaban convirtiéndose en nuevos libros.

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