LOS CONSEJOS QUE NADIE ME DIO (IV) Si quieres escribir bien tienes que lee

Hay que leer, y leer mucho. Si quieres escribir bien tienes que leer; es este un paso que no puedes pasar por alto. Una parte fundamental del oficio de escritor (como aficionado o como profesional) es la lectura. Quien escribe tiene que leer cada día. Las razones son obvias: la lectura te mantiene “dentro del territorio de los escritores con los papeles en regla” dice Stephen King en su autobiografía “Mientras escribo”.

Leer te mete en una “zona mental” que te permite ponerte a escribir; la mejor motivación para escribir la encontrarás leyendo. A veces te entran ganas de imitar lo que lees: no es mala cosa imitar el estilo de escritos que nos resultan atractivos; después de todo, la literatura está hecha con un material común para todos, que son las palabras. Puedes empezar imitando, que tarde o temprano encontrarás tu estilo personal, tu manera de relatar. Ningún escritor está libre de influjos: cada escritor es lo que las lecturas han hecho de él.

Sólo leyendo puedes calibrar la calidad de lo que escribes; leyendo aprenderás a manejar el vocabulario, a construir frases y párrafos armónicos. Si te gusta escribir es porque primero y sobre todo te gusta leer.

Pero cuida bien qué lees; lo mejor es leer de todo: no te centres sólo en el género que te gusta, pero no te tortures leyendo lo que no te agrada; para mí leer es un placer, no un castigo. Lee a los clásicos, y con “clásico” no me refiero a escritores del Siglo de Oro, que tampoco están mal; me refiero a libros escritos antes de los años 80, pues generalmente suelen estar mejor escritos que muchos de los actuales.

Y es que hoy el mercado nos avasalla con sus “novedades”. Parece que sólo existen los libros que nos meten por los ojos las grandes editoriales. Yo sé que el mercado no es el mejor crítico literario y por eso no suelo guiarme por sus listas de éxitos: ¡la de decepciones que me he llevado por culpa de esas listas! Como lector, me mantengo alerta y apunto las recomendaciones de otros lectores, o leo blogs que comentan libros que merecen la pena, muchos de ellos desconocidos para el gran público. La dificultad estriba en encontrar esas perlas, casi siempre ocultas entre la maraña. Pero merece la pena buscarlas; el tiempo en la vida es demasiado breve como para perderlo leyendo cualquier cosa.

El problema no es que hoy se escriba mucho (lo cual no deja de ser positivo) sino que se publica mucho y sin la debida revisión, por lo que la calidad ha bajado mucho, salvo honrosas excepciones. Quizás diga esto porque a mí me gusta la pureza de nuestro idioma, y en las últimas décadas nuestro castellano se está contagiando de vicios que los escritores no deberíamos reproducir. Por eso es bueno acudir de vez en cuando a esos libros escritos hace décadas (lo que tampoco nos garantiza al cien por cien encontrar textos exentos de “vicios” o incorrecciones).

Para terminar con la “lección de hoy”, decir que mientras lees, tu cerebro trabaja más que cuando haces cualquier otra cosa (por ejemplo ver televisión). Tus neuronas se mueven y surgen nuevas ideas al hilo de lo que estás leyendo, incluso a veces se te ocurre cómo mejorar partes de tus propios escritos, sin que signifique que estás cometiendo plagio. ¡La cantidad de ideas que se me han ocurrido mientras leía! Mi libro “El manuscrito de Homero” sería infinitamente peor si no hubiera leído mucho mientras lo escribía.

Otro día os hablaré de cómo lee un escritor, o, mejor dicho: de cómo leo yo para intentar aprender.

 
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