LOS CONSEJOS QUE NADIE ME DIO…..

LOS CONSEJOS QUE NADIE ME DIO (I)

 las grandezas y las miserias del escritor novato,pues no era más que un novato cuando me atreví a empezar esa mi primera novela.

Algunas personas me han pedido que especifique los consejos que di . Eran consejos prácticos sobre el día a día del escritor aficionado, una especie de guía que a mí me hubiera gustado tener para solventar los obstáculos con los tropecé cuando me lancé a la aventura de escribir toda una novela.

Aquí comienzo una serie de escritos en los que narraré lo más destacado de esos “consejos que nadie me dio”, esas enseñanzas que fui extrayendo a golpe de amargas experiencias y ríos de tiempo… quizá no tan perdido, pues nunca pierdes el tiempo si uno es capaz de sacar alguna lección del error cometido.

La primera cuestión es quizá menos importante: ¿por qué escribir una novela? Los motivos son más bien irracionales: quizá es la meta natural de todo lector empedernido: llegar a escribir un libro, el libro que uno hubiera querido leer…

Entonces me puse a escribir, y una vez que empecé tuve claro que tenía que terminar mi novela, costara lo que costase, y creedme que hubo momentos en que costó. Pero abandonar hubiera sido una losa mental que no hubiera podido soportar: una vez empezada la obra, ya tenía un reto: acabarla; la cabezonería es una poderosa razón a la hora de hacer algo, os lo aseguro.

Confieso que al principio la tarea me resultó apasionante: era un mundo nuevo en el que me sentía a gusto, ideando un argumento, escribiendo ideas en fichas y redactando un primero borrador. Parecía que flotaba como en una nube, notaba que el trabajo cundía, que avanzaba hacia una meta que no todo el mundo logra: ver una obra publicada; casi me imaginaba ante los focos deslumbrantes de la fama, firmando libros… Pero sólo me lo imaginé un poco, que nadie piense que empecé a escribir tentado por la fama y el peloteo de la gente.

Fue una época gozosa, porque es la etapa de máxima creación, cuando ni uno mismo sabe qué va a suceder, aunque tienes una ligera idea, pues todo argumento se basa en una idea simple que se va complicando, un camino hacia una meta que se conoce de manera aproximada pero que no se alcanza sin vivir unas cuantas aventuras. Así concebí mi obra: la ruptura de un equilibrio, en este caso la monotonía en la vida de un estudiante. El elemento que rompe el equilibrio es el hallazgo de un manuscrito; las claves que contiene ese manuscrito desencadenan la acción…

Luego vendría una época menos creativa: la etapa de la documentación, de las correcciones, de pulir el estilo… Pero de todo eso yo aún no sabía casi nada. De hecho, pensé que terminar mi obra sería tarea fácil y, sobre todo, breve: cosa de dos o tres meses. Estaba muy equivocado: la tarea no fue fácil ni breve: necesité varios años de trabajo, de lecturas múltiples y de preparación a fondo para ver por fin un día terminada mi obra… y mucho más para verla publicada.

Otro día os hablaré de las dificultades superadas. De momento, quedaos con el “decálogo del escritor que desea publicar”, extraído del libro “Guía del escritor aficionado y profesional”, de varios autores, uno de los libros que os recomiendo; lo edita Fuentetaja, y dice así:

1.- Lee insaciablemente.
2.- Maneja el lenguaje con precisión, enriquece el vocabulario y cuida al máximo la ortografía.
3.- Sé constante y trabaja todos los días.
4.- Ejerce la autocrítica e intenta ser objetivo con la propia creación. A veces es conveniente dejarla reposar durante varias semanas para lograr verla como si fuera una creación ajena.
5.- Enseña el trabajo a familiares y amigos para que den su opinión y así poder contrastar el resultado con mentes ajenas.
6.- Sé modesto con la obra y acepta recibir críticas, sugerencias y correcciones.
7.- Escribe pensando en el lector. Tus desahogos personales, si sólo te interesan a ti, no se publicarán jamás. Si empleas la escritura únicamente como terapia, ésta no tiene salidas. Para publicar hay que estudiar el mercado que puede tener tu obra y debes presentar proyectos buenos y originales.
8.- Ten paciencia; no quieras publicar demasiado rápido y no envíes nada hasta que no esté perfectamente acabado y revisado.
9.- No te crees falsas esperanzas ni pienses que por enviar un manuscrito lo van a publicar. Acepta los rechazos deportivamente y no te rindas jamás.
10.- Cuida la presentación y elige la editorial adecuada.

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